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notas de malta

El traslado de La Romareda deja un vacío enorme en la hostelería del barrio

El Estadio Ibercaja no solo afecta a los bares cercanos al viejo estadio, sino también al ambiente social y a las rutinas de los aficionados

Lucas Franco Escuer. - 28 de octubre de 2025

El Estadio Ibercaja, situado en el Parking Norte de la Expo, será el hogar del Real Zaragoza los dos próximos años mientras se termina la construcción de la Nueva Romareda. Con la caída del campo, ese ambiente previo que caracterizaba a las calles cercanas a La Romareda se traslada al Actur y los hosteleros buscan la manera de reinventar su negocio para salir adelante.

Los bares se enfrentan a un gran reto. Hasta esta temporada, cada 15 días, los establecimientos recibían a miles de personas antes, durante y después del partido. Pero este cambio de ubicación va a cambiar el panorama a corto plazo, y sin esos días especiales, los dueños de los locales deben encontrar la manera de atraer clientes y minimizar posibles pérdidas, sabiendo que lo más probable es que nada pueda reemplazar lo que suponía el Real Zaragoza.

La Nueva Romareda es la esperanza

La situación actual es temporal y en dos años los hosteleros del barrio Romareda volverán a la normalidad. “El nuevo estadio va a impulsar la creación de negocios y a modernizar los existentes. El Hotel Romareda ya ha sufrido una remodelación” señala Camilo Pablo Deza, economista y profesor asociado en la Universidad de Zaragoza.

Aunque el fútbol era un impulso importante Deza afirma que estos hosteleros “no viven únicamente del fútbol, el Real Zaragoza es un impulso, pero no dependen exclusivamente de él”. Aun así, la globalización y el consumismo ha provocado que los pequeños negocios cedan protagonismo a las grandes franquicias. Pasa en centros comerciales, en el núcleo de la ciudad, en aeropuertos… Y el fútbol parece que va en el mismo camino.

En Zaragoza, con el Mundial 2030 a la vuelta de la esquina, esa zona se revalorizará y se mercantilizará buscando sacar el máximo rédito posible. “Es probable que aparezca alguna franquicia sustituyendo a negocios familiares, puesto que el coste de establecerse cerca del campo es muy alto”, comenta Camilo refiriéndose a que en unos años, estos bares pueden ir perdiendo protagonismo.

Sáez es prudente y no cree que el nuevo estadio ayude a los hosteleros de toda la vida. “Algo quedará, pero nos encontraremos más franquicias, el proyecto está enfocado a eso… soy pesimista pero es el mundo en el que estamos”.

La previa como ritual

 

Tomás Ayala, dueño de una bocatería cercana se prepara para dos años atípicos en su negocio. Su bar, ubicado en los aledaños del estadio era uno de los encargados de acoger a aficionados los dos clubes las horas previas a un partido en La Romareda. “Cuando hay un partido de fútbol, la afluencia es masiva”, refleja Ayala.

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Aficionados del Real Zaragoza y del Mirandés momentos antes del partido Heraldo de Aragón

Asistir a un partido de fútbol no se reduce a las dos horas que dura el encuentro, sino a todo un ritual previo donde quedas con tu familia o con tus amigos para adéntrate en un ambiente que hace que cada partido sea único. Todos estos hosteleros lograron ser la “casa” de los zaragocistas. Tomás recuerda el viejo estadio con nostalgia: “La Romareda forma parte de cada uno… Somos un cachito de ellos, y ellos forman un pequeño cachito de nosotros”.

Ahora, las obras de La Romareda y el traslado al Estadio Ibercaja a las afueras de la ciudad han modificado los hábitos de consumo y las 

rutinas de los aficionados previos al partido. “Hay que aclimatarse un poquito a todo lo que viene, pero sí que se ha notado mucho, a nivel de caja y a nivel de trabajo”.

La frialdad del Estadio Ibercaja

 

El nuevo estadio ha cambiado la forma que tenía Zaragoza de vivir el fútbol. El ambiente dentro y fuera del recinto es frío. La ubicación no invita a hacer una buena previa, el parking habilitado por el club es de pago y los bares más cercanos son los situados en el Actur, sin tradición futbolística.

 

“Lo que se ha perdido no es solo económico. Me recuerda a la universidad. Los estudiantes y los alumnos venimos solo con un sentido funcional” explica Luis Antonio Sáez Pérez, profesor de Economía en la Universidad de Zaragoza y abonado del Real Zaragoza desde 1974.

En la cultura futbolística, la afición que se desplaza a otra ciudad suele aprovechar para pasar el día allí, conociendo la oferta gastronómica local. “Los que vienen de fuera solían ir por el Tubo, después por los bares de la universidad e iban haciendo el paseo hasta el estadio” explica Sáez, dejando claro que, con el nuevo estadio, ese simbolismo se ha perdido

El profesor cree que con el estadio tan alejado del centro hay una pérdida importante de simbolismo y de capital social, que además de impacto económico creaba fuertes vínculos.

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Vista desde arriba del estadio en el Parking Norte El Periódico de Aragón

“La cerveza bien tomada es un momento de confraternizar y como en toda liturgia, se lleva a cabo en su templo”. En Zaragoza, esos templos son los bares y la cerveza siempre ha estado ligada al fútbol, tanto en el previo como en el postpartido.

 

Sin embargo, la ubicación del estadio impide el consumo de esta bebida. “La propia movilidad exige que no lleves alcohol, como tienes que coger el coche o ir en transporte público, quizá no puedes estar en ese ambiente festivo”, subraya el profesor.

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